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La Mundial de Hoyo de Esparteros, obra de Strachan, autor de calle Larios


La Mundial de Hoyo de Esparteros, obra de Strachan, autor de calle Larios. El inmueble fue encargado por Isabel Loring Heredia y se construyó en 1894 siguiendo el modelo de las manzanas de calle Larios (1887-1889/90); fue sede del Gobierno Civil a partir de 1923. A pesar de su relevancia histórica, las administraciones pretenden su demolición.

Antonio Jesús Santana Guzmán. Historiador del Arte e investigador de la UMA.

Hasta hace muy poco tiempo se ubicaba en el número 1 de la calle Hoyo de Esparteros una popular pensión, La Mundial, lo que desafortunadamente no es tan conocido es el origen de este interesante edificio de finales del XIX.

El inmueble se construyó por orden de Isabel Loring Heredia, descendiente de dos de las familias más destacadas de la industria malagueña de entonces, y condesa de Benahavís por su matrimonio con el bibliófilo Ricardo Heredia Livermore.

El autor del proyecto fue Eduardo Strachan Viana-Cárdenas, quien había realizado pocos años antes los proyectos de las nuevas manzanas que debían jalonar la gran vía que será desde entonces la imagen representativa de la ciudad de Málaga: la calle del Marqués de Larios. Strachan, ante la importancia de su comitente, siguió el modelo ya desarrollado en Larios, con ligeros cambios en el bajo y el entresuelo. Lo más significativo son sus chaflanes dispuestos en las esquinas de las tres vías a las que abre, que hacen más amable la comunicación entre ellas, destacándose con cierres de madera el que se orienta a la Alameda a través de calle Ordoñez. Otros elementos interesantes son los aceros y fundiciones utilizadas en el edificio, donde aún se pueden apreciar sellos de una fundición, que no podía ser otra que la que fuera de su abuelo, y también suegro, Manuel Agustín Heredia Martínez.

La ubicación en este edificio de la sede del Gobierno Civil y de la vivienda del gobernador a partir de 1923 denota que el Hoyo de Esparteros fue una zona residencial importante; entre sus vecinos se encontraban apellidos como Ruiz Picasso, Scholtz, Strachan, Heredia Livermore, Grund y Huelin entre otros. Toda esta documentación se encuentra custodiada en los archivos Municipal e Histórico Provincial. La autoría de este interesante inmueble de la familia Loring Heredia ya fue señalada con anterioridad en varios trabajos universitarios entre los que destacan el de P. Pérez Bernal (1995) y F. García Gómez (2000), pero nunca ha sido tenida en cuenta, ni siquiera en su ficha de edificio protegido, redactada a finales de los ochenta y aún sin actualizar.

Su demolición pretende unificar su solar con los ya existentes en la zona a los que se añadiría un tramo del Pasillo de Atocha, para en su lugar levantar otro hotel de 10 alturas, para lo que resulta indispensable cambiar la normativa de construcción en el Centro. Por todo esto se ha solicitado su catalogación con Nivel de Protección Integral, y por razones histórico-artísticas y urbanísticas, pudiéndose recuperar como sede para la investigación de la Málaga de finales del XIX y principios del XX.

Es de destacar que Eduardo Strachan tenía su residencia en Hoyo de Esparteros, donde nació su sobrino Fernando Guerrero Strachan, arquitecto y posterior alcalde de Málaga. Ninguna placa recuerda este hecho y dentro de poco ningún edificio, ya que la memoria de los Strachan será borrada.

La Opinión de Málaga 08/02/2011

Carta de adhesión de la asociación Madrid, Ciudadanía y Patrimonio


Hola, desde Madrid, Ciudadanía y Patrimonio nos adherimos como grupo a vuestro manifiesto.

Además de nuestro apoyo como asociación, también difundimos esta noticia a todas las asociaciones del grupo para que puedan firmar de forma individual (pinchar en  http://noalhotel.blogspot.com para ver detalles) y animamos a todo el que quiera firmar como ciudadano a contribuir a que no se cometa un nuevo y grave desacato contra el Patrimonio en la ciudad de Málaga.

Madrid, Ciudadanía y Patrimonio
Apdo. de correos 25290 / c. Mariano Fernández, 1 / 28080-Madrid
CIF.: G85987691

POSTALES MALAGUEÑAS

PostalesMalagueñas

Jesús Manuel Ortiz Morales

El hotel de la discordia

Málaga, como de costumbre, cierra un nuevo debate público centrado en cuestiones temporales que, vendidas como operaciones que atañen al colectivo urbano-social de nuestra ciudad, sólo encuentran beneficio inmediato en sus impulsores.

La presencia de una estrella mediática de la arquitectura no debe ser confundida con la lucrativa operación especulativa del suelo generada con el aumento de edificabilidad (y altura) que promotores privados –encontrando el beneplácito de la Administración local, y al final también de la autonómica– obtienen en el Casco Histórico con la construcción de un hotel.

Apoyarse en la marca que supone tener –coloquialmente– ´un Moneo´ en la ciudad no es una oportunidad (en los términos planteados en Málaga), sino un cambalache con torpeza enmascarado. La aceptación del nuevo registro otorgado a dicho suelo asienta otra marca muy diferente, la del ya bautizado «maMoneo» político malagueño, estampa instaurada con éxito desde hace tiempo. La presencia de grandes firmas de arquitectura tiene un valor mediático y una repercusión en términos económicos incuestionable. Estas estrategias han resultado brillantes en ciudades que así lo han planificado y que inundan de ejemplos el territorio. No nos oponemos a ello, pero eso no implica que debamos admitir la ligereza con la que aquí son transformadas las normativas que atañen a la calificación del suelo.

Defender que es necesario repensar, y finalmente mutar, lo que urbanistas han considerado óptimo para la ciudad, por la así presencia de un Pritzker en la misma, es trasladar el problema que Málaga arrastra desde hace años a un campo que camufle su inestabilidad en la toma de decisiones. Inestabilidad fundamentada en intereses políticos a corto plazo que pervierten el devenir de una ciudad en la distancia. Presenciando los continuos cambios a los que se ven sometidos los planes en este tipo de operaciones, usuales en Málaga, al ciudadano sólo le cabe preguntarse si es que los redactores no están cualificados, o bien los políticos-promotores son los que deberían estampar su firma en los planos y, al menos así, ahorrar tiempo en el proceso burocrático y no tener que reformular constantemente lo planificado con anterioridad. No se trata de alterar sus funciones, sino de reafirmar la complementariedad entre los mismos. Confiando en la labor de los primeros, preferimos apostar por la cautela que los segundos deberían mostrar durante su mandato sin que ello impida su vertiginosa carrera hacia el triunfo (y no nos referimos a la recompensa de salir en una foto que el tiempo olvida).

Las aportaciones del arquitecto Rafael Moneo serían igual de interesantes sin importar el número de plantas del edificio, independientemente del valor que supondría para el turismo cultural por el que Málaga apuesta. No nos engañemos. Lo que sí sería diferente es el valor económico generado para sus promotores en dicha operación. Los fundamentos teóricos y la calidad de su obra, por todos conocidos, siempre son bienvenidos y, entendemos, positivos para la ciudad que lo acoja. Así, sería deseable para Málaga, como para cualquier tejido urbano, contar con la participación de arquitectos de renombre que centraran sus estudios aquí, si con ello son capaces de poner cordura en los planteamientos políticos tan necesitados de la misma. Pero esconder bajo el pretexto de su obra un cambio normativo de otro modo impensable no es, ni el triunfo del cambio en la imagen de la ciudad, ni una operación mercantil efectiva. Es la tapadera efectista pretendida.
Aceptar el cambio de altura en el suelo del futuro hotel no puede sustentarse por la firma (no del proyectista, sino del que pone el dinero) que así lo proponga. Recurrir a que Málaga es reacia a la presencia de consagradas oficinas de arquitectura, o que haya facilitado su estampida en otras ocasiones, sería sucumbir ante un chantaje que ahora no tienen lugar. No se trata de limitar la libertad proyectual que, en términos arquitectónicos, importantes «nombres» puedan proponer, sino de apostar por la sinceridad urbana por parte de los gestores de la ciudad en la venta de estos proyectos ante el ciudadano, centrándose no sólo en el que la visita, sino en el que la habita.

Reciente leía a Fernández Mallo: «No es fácil llegar a saber en qué punto hay que abrir un agujero para provocar un flujo de energía y luz que nos atraviese. Aún más difícil averiguar, sobre qué objeto material o ente hay que practicar ese agujero que operará el milagro que traiga aire nuevo y, en ocasiones, cambie nuestras vidas». Es evidente que Málaga no sólo no sabe cuál es ese punto de inflexión, sino que los posibles, son practicados bajo la tutela de la imprecisión política, sin fuerza social que lo sostenga (y no por falta de inquietud colectiva en nuestra ciudad, sino por la desesperanza instalada en el imaginario a base de «castillos de cartón» dependientes de acuerdos de orden político-económico), y sin el tiempo necesario para que las ideas reposen y crezcan. Los proyectos «estrella» o estratégicos necesitan tiempo. Tiempo del que carecen las candidaturas de nuestros políticos, y ahí radica el problema. Tiempo que no se debe gastar en maquillar la ciudad, sino en construirla. Como últimos sucesos demuestran, la celeridad en la toma de decisiones acarrea lamentaciones posteriores.

Apostar por Moneo sin alimentar el mamoneo.

Joaquín Ortiz de Villajos Carrera, Arquitecto

Reflexiones de Antón Ozomek

Hace ya unos trece años publiqué un ensayo que fue galardonado con el primer premio del Certamen Literario de la revista cultural de Málaga "Isla de Arriarán"; pueden encontrarlo online en la biblioteca virtual de la Universidad de la Rioja, en http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2571172). Este trabajo de investigación tal vez sea el primero en su temática, referente a la ciudad de Málaga, y lo considero ahora aún plenamente vigente, si bien los responsables municipales no han parecido prestarle la menor atención al mensaje principal del mismo en todos estos años que han transcurrido. Tiene por título "El paisaje urbano de la Calle Madre de Dios".

En él hacía especial hincapié sobre la idea de la adecuada regulación y conservación del medio ambiente como mecanismo fundamental para garantizar la calidad del paisaje urbano, con el doble objetivo de resultar agradable y atractivo para los ciudadanos así como convertido en recurso económico-turístico para el disfrute de los visitantes; pero la acción contraria es precisamente lo que el Ayuntamiento ha conseguido ya en parte en el entorno de Atarazanas-Hoyo de Esparteros, primero permitiendo la degradación patológica del micro-ecosistema del lugar (deshabitación y ruina de los inmuebles) y ahora, intentando legalizar una actuación urbanística y arquitectónica que supondrá un impacto visual muy negativo, ya que el inmueble diseñado por el Sr. Moneo ni se integra miméticamente en el paisaje preexistente -respeto a los elementos históricos-, ni tampoco representa un contraste acertado, en tanto el edificio proyectado consiste en un mero cubo sin más personalidad que la que una estética minimalista le otorga y que nada aporta a la trama urbana del entorno.

Desafortunadamente, casos similares ya existen en la ciudad de Málaga, tanto antiguos como recientes. Entre los primeros tenemos por ejemplo el edificio número 14 de la Plaza de la Merced, sobre el que recientemente hubo que invertir varias decenas de miles de euros para tratar de camuflar la agresión paisajística que su estilo arquitectónico suponía en el entorno de la casa natal de Picasso; entre los segundos, cabe destacar el edificio finalizado hace menos de un año en el número 2 de la Plaza de Félix Sáenz, y que representa un nuevo atentado paisajístico frente a uno de los inmuebles más emblemáticos del siglo XIX en Málaga. Por el contrario, hay que destacar acciones muy acertadas como la del centro de interpretación junto al Teatro Romano, o la actuación -casi terminada ya- en el callejón Pericón, donde la rehabilitación de medianeras, combinando vegetación natural y materiales metálicos, ha logrado un elevado pero positivo impacto visual en su entorno.

Por estas y otras razones, el proyecto actual previsto, aprobado por el Ayuntamiento de Málaga con la connivencia de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, representa un error estético, que no conceptual, pues si bien asignar a la parcela un uso hotelero renovado puede resultar muy positivo -revitalización funcional-, la solución adoptada no es precisamente la más acertada y por ello los ciudadanos de Málaga conscientes de que el turismo es una importante fuente de riqueza no deben permanecer pasivos ante esta situación. Debemos mostrar nuestro rechazo y oponernos al proyecto tal y como actualmente está concebido.

Antón Ozomek, geógrafo outsider y ciudadano de Málaga.

Carta de Jesús Manuel Ortiz Morales

CARTA DE APOYO AL MANIFIESTO   
 
 

El nuevo, sorprendente y “modernizador” proyecto urbanístico para Atarazanas, avalado por un diseño “de marca” creo que contiene muchas de las claves de por qué ha sido rechazada la candidatura de Málaga como capitalidad cultural (algo que parece que nuestros representantes políticos no han llegado a comprender, o no han querido comprender, y que a muchos de los malagueños nos produce sonrojo y vergüenza ajena): cuando alguien se postula como capital cultural queda, habitualmente, sobreentendido que se trata de un lugar donde se aprecia la cultura, el arte y el patrimonio legado por los antecesores con un cuidado exquisito. La contradicción, en este caso, es demasiado evidente para todos, excepto para los que se han beneficiado, en alguna manera, mientras ha durado esa propuesta descabellada.

    Y es que no hay nada tan descabellado como pensar que Málaga, y en especial, sus autoridades y representantes públicos, aman el  patrimonio cultural legado por nuestros antepasados. A las pruebas históricas desde los años 50 me remito: a la “moderna” Malagueta, al Málaga Palacio o a la inmisericorde destrucción histórico-patrimonial del Perchel. De hecho, he llegado a la conclusión que, no solo no lo aprecian, sino que lo odian como un obstáculo en sus intereses variados al llegar al poder.

Volvamos a decirlo otra vez (porque yo no soy más que el último de una larga lista):  el milagro artístico y social que representa que Málaga ( una ciudad abandonada de la mano de Dios la mayor parte de su historia, pobre, casi miserable, sin edificios monumentales, de “marca”, ni inversión o apoyo estatal excepto para convertirla en “cuartel permanente” o “convento inmenso; o, por decirlo de una manera más cruda, una ciudad que no produce “ciudadanos” o “señores”, sino “gente de Málaga”), terminara llevándose el sobrenombre de Málaga “la bella” estando encajonada en un lugar donde ocurren algunas de las ciudades más bellas del mundo (y esto sí que es evidente: Sevilla, Granada, Córdoba o Cádiz) no ha sido entendido, o no se ha querido entender, en general, por nuestros próceres (salvando, naturalmente, alguna histórica excepción en algún momento puntual).

El que la belleza de Málaga estribaba en la planimetría acogedora, entrañable, “a medida humana”, en la exquisita configuración “hechicera” de sus recovecos y sus esquinas, en la dulzura y ambiente de sus rincones, en el encanto de una arquitectura pobre, pero impecablemente adaptada al entorno, eternamente romántica e íntima. Una belleza fácilmente visible y comprensible por cualquier amante de la ciudad, y que solo está esperando el momento y la persona adecuada que sean capaces de sacarlo a relucir. Y que no sería, en absoluto, demasiado caro ni difícil: solo hay que tener voluntad de hacerlo.

En cambio, cada vez que nuestras autoridades conceden permisos para destruir dichos volúmenes (con adefesios inmensos) o eliminar trazados, o diseños ornamentales (balconadas, azulejos, fuentes, bancos, suelos de mosaico, adoquinados) perdemos parte de nuestra “otra memoria historíca”, de nuestro patrimonio común como malagueños, y se hace evidente que desprecian absolutamente los grandes logros de la arquitectura popular de los siglos anteriores. Buscando proyectos “rupturistas” de diseño, el camino del éxito demasiado fácil, desprecian el inmenso arte de nuestros antepasados que hicieron de la pobreza  y la necesidad, belleza y encanto.

Solo cuando se dan cuenta de que se pueden llegar a poner en valor  un terreno con un resultado espectacular (como el interior del hotel Vinci de Atarazanas, que ofrece algo absolutamente maravilloso e impensable en ofertas de este tipo, gracias precisamente al cuidado exquisito en ese aspecto) y, finalmente, especular con el valor que dicho patrimonio representa; es cuando se ponen las pilas: pero, solo y exclusivamente, para renovar el sitio, “adaptarlo”, y finalmente destruirlo para las generaciones futuras a cambio de un puñado de billetes. Lo que se dice matar la gallina de los huevos de oro, pronto y claro.

En el caso de la esquina que comentamos, por ejemplo, mientras algunos solo ven edificios y solares ruinosos que hay que tapar como sea; otros solo vemos sus inmensas posibilidades y lo fácil que sería obtener un rincón precioso simplemente respetando lo que queda, recuperando lo perdido intencionadamente (fueron tres incendios consecutivos el mismo día y en el mismo edificio protegido: los ví personalmente, porque me pilla en zona de paso habitual. Eso no puede ser casual en absoluto) o, como mínimo, con la estética de toda la zona, y que nunca debieron perder: estética fácil de comprobar en la fachada del Pasillo  Santa Isabel, en lo que queda de Atarazanas o en casi toda la calle Panaderos (excepto, precisamente, su esquina al río) y, en todo caso, si no hay más remedio,completandolo con un buen edificio, de “marca”, pero bien  integrado: por ejemplo, el Moneo, pero de 5 plantas, adaptando en su  esquina armónicamente el entrañable edificio de la “Mundial”, completando, que no devorando, la plazoleta del Hoyo, y dejando pasar bajo él  el pasillo de Atocha. Se supone que para cosas como esas son para las que se necesita a un buen arquitecto.

Málaga, de forma milagrosa y sin que nadie sepa cómo, todavía (a pesar de las contínuas puñaladas a su trazado) reúne condiciones ideales en su centro histórico, para convertirse en un lugar muy atractivo, tanto para sus ciudadanos como para los visitantes, transformándose en beneficiaria de una industria (turismo cultural) útil, bella y sostenible, a la vez que un motivo de orgullo para sus habitantes. El sueño imposible de muchas ciudades. Solo hace falta cuidar muy delicadamente cada esquina, cada rincón del centro, vigilando las perspectivas y los volúmenes, es decir, amar el patrimonio legado. Lo que no se hace.

Por otro lado, si el famoso diseño Moneo necesita  forzosamente las diez plantas para expresarse (aunque primero se dijo que serían 7, luego 9, ahora 10, y a la hora de la verdad serán 11+1) seguimos viendo la propuesta excelente con este matiz: la Málaga pujante del futuro está llena de barrios nuevos que necesitan “ponerse en valor arquitectónico”, y nada mejor que un proyecto de este tipo.

Sin embargo lo que es bastante estúpido es que, cuando se tiene posibilidad de tener dos puntos de atracción ciudadana (una esquina histórica atractiva, y un “entorno Moneo” en otra zona diferente ) se pretenda que una destruya  a la otra, arruinando ambas perspectivas y volviéndolas incompatibles: vistiendo un santo con la ropa de otro. Parece claro que los motivos no son urbanísticos (o sí, aunque de otro color intencional). En cualquier caso, no parece que sea el comportamiento esperado de una capital cultural.

El que un margen del río que ha sido de una belleza dentro de su pobreza tan elegante que cualquier desviación o variación del mismo aparecería como un error, tanto o más grave, según se desvíe, más o menos, de dicha propuesta verdaderamente específica y “adaptada al entorno” ( y remito a las fotografías disponibles de la zona a finales del S.XIX o, todavía mejor, los grabados del S.XVIII, que los hay muy buenos y detallados) se haya dejado perder y arruinar (voluntariamente) a lo largo de años y décadas de desidia para terminar convirtiendose en el solar germinal de la futura Malagueta 2 y en la excusa para una muralla de cemento de 10 plantas mínimo desde el museo de artes populares (éste incluido, en su ampliación inminente); hasta casi el CARE del Muelle Heredia; pues esa será la consecuencia inevitable de todo este ajetreo; será la vergüenza urbanística que le toque arrastrar a nuestra generación para la historia.

La justificación lo dice todo de nuestros políticos: dado que ya se han permitido una o dos espectaculares salvajadas por esa zona, en vez de intentar que en una, o dos generaciones como mucho se pueden enmendar tales despropósitos, lo mejor es darlo todo por perdido y convertir en una salvajada la zona entera, o mejor aún, todo el tramo del río Guadalmedina, de un plumazo: ese es el famoso equilibrio del que habla el alcalde. Via libre al ladrillo, en pleno centro histórico.

Creo que si, además de ignorar y despreciar un entorno legado por nuestros antecesores, incluyendo calles y plazoletas enteras, se hace también de manera que tampoco lo puedan recuperar las generaciones futuras, da lugar, entonces, no ya una falta por irresponsabilidad o inconsciencia, sino directamente un delito muy cercano al robo al patrimonio común como malagueños. Un delito muy grave. Y que nos salpica como cómplices, ya que, cuando las futuras generaciones, más preparadas en este sentido, nos hagan el inevitable “juicio histórico” por nuestra “gestión de los recursos heredados”, entre otros el valor paisajístico y ambiental de la ciudad, la culpa de tal pérdida y desastre no la tendrán solo nuestros próceres, por avaricia: todos seremos igualmente culpables, por desidia. Y yo el primero.

Por ese motivo, en este momento, creo mi deber unir mi voz a la suya, tan bien expresada, para decir con ustedes: no a las 10 plantas del hotel. No a la subida de alturas en el centro histórico. Por favor.


            Jesus Manuel Ortiz Morales, músico.
               

Moneo no justifica los medios


Hay límites que no se deben pasar. Si un edificio está protegido, desprotegerlo, según cualquier causa, da una imagen de verdadera irresponsabilidad, por no decir desvergüenza. Es lo que ocurre con el antiguo Hotel La Mundial, que es un edificio adaptado totalmente a su entorno, una joya de poco tamaño y de discreto impacto, con todo el encanto de la arquitectura decimonónica malagueña, discreta pero bien hecha. Todo lo contrario que el edificio bajo cuya excusa se le ha quitado la protección que tenía otorgada, es decir, el mastodóntico hotel de Moneo que la Promotora Braser quiere construir saltándose tres cosas nada menos: el callejero urbano, puesto que el Pasillo de Atocha se elimina en una actuación de especulación urbanística apenas disimulada con un mal entendido progreso; la altura de los edificios de un entorno protegido y la protección de un edificio al que condena a la ruina. Para empezar, diremos lo que ninguna persona se atreve a decir: Moneo es un arquitecto irregular, por mucho que la mayoría de arquitectos se empeñe en defenderlo. Ha hecho maravillas como el Museo Romano de Mérida, pero no toda su producción es igual. El verdadero mérito de Moneo habría estado en hacer un edificio singular respetando los tres elementos antes descritos, salvando el Pasillo de Atocha mediante un pasaje elevado, por ejemplo. Es, de hecho, una solución adoptada en el edificio que construyó frente a la Catedral de Murcia, ciudad que, al igual que Málaga, ha sido desestimada como capital cultural quizás por el progreso mal entendido que comparte con Málaga, materializado en la ansiedad por contar con un proyecto “al por mayor” de Moneo, y eso que el de Murcia está mucho mejor cuidado y es más respetuoso que el de Málaga, que será un cubo blanco de diez plantas, sin contar con el entorno y con todos los vanos cortados por el mismo patrón… Esa blanca neutralidad fue lo que Adolf Loos ideó para el edificio de Goldman & Salatsch en Viena en 1910, respetando al máximo el entorno y la tradición vieneses, un tour de force que se saldó con la inmortalidad de su arquitecto. Cien años después, ese cubo como caído del cielo creerá que desciende de la egregia tradición de Loos, pero sólo comparte, y mal entendida, su blancura, que ha dejado de ser neutral para convertirse en llamativa a toda costa. No, ni ese proyecto es digno de Moneo ni es digno de una ciudad respetuosa con su patrimonio, ¿pero quién dijo que Málaga lo fuera?

Naser Rodríguez García.

Basta ya de maMoneo

Llega agosto y todo se paraliza, bueno todo no… la voluntad de nuestros políticos para hacer y deshacer aprovechando que el pueblo esta de vacaciones permanece inquebrantable.

A pesar de la crisis galopante y el paro desbocado que nos acosan, hay un motivo por el que son capaces de abandonar sus rencillas infantiles y su demagogia barata, y no es otro que el ladrillo.

Grandes amantes nuestros políticos del barro cocido, a él le deben muchos favores y por él son capaces de mentir, manipular y engañar para arrasar con todo lo que se le ponga por delante.

Por suerte parece que se ha podido salvar un lugar tan emblemático como la esquina de los muelles 1 y 2 del puerto de Málaga. Gracias a una campaña de concienciación sin precedente en nuestra ciudad, los malagueños se han negado a que les roben uno de los lugares más privilegiados, justo cuando iba a ser cedido sin miramientos a la cadena francesa Carrefour.

Sin embargo las agresiones a las que continuamente se ve sometida nuestra ciudad no paran ahí ni mucho menos. Ojalá fuera así, pero nuestros políticos no descansan a la hora de tramar y urdir para seguir esquilmando a Málaga y a los malagueños.

Una prueba de ello es el intento de encajar un hotel de 10 plantas con parking subterráneo junto al singular Mercado Central de Atarazanas, recientemente rehabilitado y cuya portada nazarí se encuentra protegida bajo la catalogación de BIC (Bien de Interés Cultural)

Ello obligará a cambiar la ordenación de toda la fachada del Centro Histórico que linda con el río Guadalmedina, para elevar la altura permitida, desde las 6 plantas actuales hasta las 10 pretendidas. No conformes con ello, pretenden borrar de un plumazo una parte de la trama urbana de la ciudad, concretamente todo el Pasillo de Atocha, para aumentar así el solar dedicado al hotel.

Es decir, una promotora privada pretende construir un hotel sobre una calle de la ciudad, con el beneplácito de todas las administraciones y partidos políticos, hecho insólito que puede considerarse un atraco a mano armada.

Y como no hay plan gestado a oscuras sin inconvenientes, en este caso tenemos de por medio uno de los edificios mas emblemáticos de Málaga, paradigma de la ciudad burguesa del s. XIX, con sus cierros curvos que fueron ejemplo a seguir en la posterior urbanización de calle Larios. Por su valía, el Ayuntamiento los protegió hace años. Sin embargo eso no supone nada cuando el ladrillo llama a la puerta de los despachos apropiados.

Para justificar esta demolición y la consecuente alteración de un buen trozo del Centro Histórico, han buscado la firma de un arquitecto mediático, en este caso Rafael Moneo, para que con su firma avale el proyecto y silencie opiniones. Y es que en el país de Belén Esteban, basta con un apellido conocido para tachar a los críticos de incultos y catetos.

Tienen mucho a su favor para salirse con la suya: dinero, leyes, medios de comunicación… sin embargo les falta una cosa: la voluntad de los malagueños. Y es que, por mal que les pese a nuestros políticos, España todavía es una democracia.

Por ello aún estamos a tiempo.

Se ha creado una plataforma para unir voluntades y bloquear el proyecto. Hay que apuntarse ahora mismo, en este mismo momento, ¡ya! Todavía no es tarde. No valen excusas. A veces basta con eso, con un clic, para iniciar un terremoto ciudadano que mueva sillas y agite despachos.

Las elecciones municipales están cerca, muy cerca.

Marcos Moreno Maldonado